El barrio de Russafa se convierte en escenario
- Tiendas, academias, coworking, galerías de arte o cafeterías se transforman para acoger representaciones breves, de 30 minutos. Una experiencia completamente distinta, con aforos reducidos, ambientes íntimos y una complicidad especial con el público, que aprovecha la cercanía para disfrutar del trabajo de los intérpretes
- Teatro de texto y físico, danza, títeres, cabaret, musical… son algunas de las disciplinas de las artes escénicas de los 10 estrenos absolutos que ofrece el festival. Obras en las que creadores emergentes abordan desde diferentes perspectivas su interpretación personal del lema ‘Sagrada i profana’
- Las entradas pueden adquirirse a través de la web de Russafa Escènica – Festival de Tardor
Valencia, 16/09/2026
Las calles de Russafa atraen a vecinos y visitantes jóvenes, muchas veces con inquietudes culturales y estéticas. Algunos pueden verlas como un espectáculo. Y desde hoy 17 al 27 de septiembre van a ser un enorme escenario.
Locales variopintos diseminados por el mapa del barrio -academias, galerías de arte, coworkings, tiendas o cafeterías – se transforman estas dos semanas en espacios de representación no convencional. En ellos, los artistas programados por Russafa Escènica – Festival de Tardor van a ofrecer varios pases diarios de diez espectáculos, todos estrenos absolutos, que se han creado a partir del lema ‘Sagrada i profana’.
El musical, la comedia, la tragicomedia, la danza o los títeres sirven para cuestionar los límites de lo que parecen tótems: la religión, la familia, los clásicos literarios, el arraigo… Con frescura y libertad, artistas emergentes muestran durante dos semanas porqué la escena valenciana es una de las más vitales del panorama nacional, a pesar de contar con menos medios y oportunidades que la de grandes capitales, como Madrid o Barcelona.
Durante el mes de julio fueron acogidos en dotaciones culturales de Alaquàs, Alboraia, Aldaia, Alfafar, Almussafes, Alzira, Benifaió, Foios, Quart de Poblet y Rafelbunyol gracias al programa de residencias de creación Via Escènica. Allí han trabajado para poner en pie los proyectos que el público podrá ver de jueves a domingo, esta semana y la próxima. Las entradas están a la venta en la web de Russafa Escènica – Festival de Tardor.
Una vez acabado el festival, a lo largo de 2027, las piezas tendrán una pequeña gira por los municipios donde nacieron, llevando la creatividad emergente valenciana a diversos puntos de la provincia de Valencia, contribuyendo a que los creadores establezcan una red de exhibición de su trabajo y permitiendo a otros públicos acceder a géneros, temáticas y estilos que suelen tener menor presencia en la oferta de ocio y cultura fuera de la capital.
LUGARES INSOSPECHADOS Y AFORO REDUCIDO PARA UNAS FUNCIONES QUE, DURANTE 30 MINUTOS, ABREN LA PUERTA A OTROS UNIVERSOS
El público de Russafa Escènica – Festival de Tardor va a ver teatro. Pero no va a un teatro. Las funciones tienen aforo reducido y se producen en lugares insospechados, que han dejado de vender ropa o libros, donde se han parado las clases o las máquinas de café para ofrecer una representación, brindando una experiencia escénica cercana y única, que invitando a los espectadores a entrar durante 30 minutos en un universo alternativo.
El de Màret (Típica Tòpica) es un ambiente enrarecido donde dos hermanos interpretados por Julieta Betancor y Javi Nadal sobreviven a un amor fraternal que no responde a reglas. Y es que los vínculos familiares son sagrados, pero también se pueden profanar. Mientras que en el universo que propone La Beata (Apart Teatre) aúna tecno, hostias y tacones en un atrevido monólogo donde la intérprete Maria Part se pregunta qué esconden quienes jamás fallan a misa de doce.
Una atmósfera asfixiante es la que viven los protagonistas de la comedia Enlatados (Volvoreta), dos amigos que adoptan la supervivencia como religión en el bunker donde se protegen de un ataque atómico. Mientras que Forastero forastero (Hu Zhao) se asoma a la vida del único hombre chino de la Comarca dels Serrans para dar respuesta a las preguntas incómodas que surgen entre los migrantes orientales y las sociedades occidentales de acogida. Con humor y sencillez, pasando del mandarín al valenciano o el inglés. Y la pieza de títeres para todos los públicos Peter Pank (Karurosu Teatro) se adentra en un mundo retrofuturista donde un virus impide madurar a los humanos en su ‘profanación’ del clásico de la literatura infantil de J.M. Berrie.
La corporalidad es la vía de expresión en Mi cara cuando… (Julia Zac), una investigación a través del baile y la gestualidad de la cultura del meme que echa mano de imágenes religiosas. La danza contemporánea contrasta con un ambiente sonoro que traslada al espectador otra era. Y el teatro físico de Dalt del més amúnt (Misèria i companyia) bucea con humor en lo profano de sufrir sarna sin saber de qué colchón viene con dos compañeros de piso interpretados por Nara Pérez y Daniel Tormo.
El ambiente se caldea en el cabaret El milagro (Suspendidas Teatro), que analiza con descaro la mercantilización de la fe. Una pieza escrita y dirigida por la compañía junto a Marian Villaescusa e interpretada por Estela Domínguez y Jimena Serrano. Las canciones también sirven para asomarse con humor a las similitudes entre los martirios a los que se somete una treintañera contemporánea y una monja barroca en el musical Santa (María Sáez y Ana Dayo). Por último, el público descubre lo más tierno y lo más íntimo en la autoficción Sr. Bien (Gabriel Soler), que reúne por primera vez en el escenario a un padre y un hijo, cantante y actor, respectivamente. A pesar de las diferencias intergeneracionales, entre éxitos de Frank Sinatra y recuerdos de infancia, ambos tratan de hacer un espectáculo juntos (o al menos, de aprender a hablarse).
Desde 2011, en dieciséis ediciones, Russafa Escènica – Festival de Tardor se ha centrado en el impulso a los creadores emergentes. Dentro de su programación dieron sus primeros pasos nombres que hoy están completamente asentados como Paula Llorens, Xavo Giménez, Begoña Tena, Víctor Sánchez o Isabel Martí, entre otros muchos. Tal vez, la selección de este año muestre el talento de creadores e intérpretes que podrían ser su relevo generacional.
Lo que sí está claro es que ofrece a los valencianos la oportunidad de ver las calles y locales de su ciudad como algo plástico, capaz de transformarse en un escenario, un cabaret, un mundo apocalíptico o una casa donde quienes conviven tratan de entenderse. Porque las artes escénicas abren la mente y la mirada tanto de quienes las crean como del público que las disfruta.

