El calendario erótico de Palau – La Torre agota sus existencias: la falla tiene el futuro garantizado

Puçol, 20/02/2010
Doce meses, doce causas para comprar el calendario de la Falla Palau – La Torre. Una iniciativa histórica en la población que ya tiene agotada su tirada en papel y puede acabar subastando los últimos ejemplares en Internet. Las razones para su éxito entre los vecinos (y vecinas) de Puçol saltan a la vista… ¿o es que todavía no has pasado de la primera página?

Saben que no es la idea más original que han tenido, porque otros ya lo han hecho antes. Son conscientes de que algunos componentes de la falla han pasado un mal trago para poder llevarla adelante, pero siempre hay una primera vez. No tienen claro si continuarán en años sucesivos con la propuesta, aunque ya hay alguna voluntaria que se ha presentado como candidata. Pero hay algo sobre lo que no tienen ninguna duda: la experiencia ha merecido la pena.

Palau – La torre pasó por un mal trago al finalizar las fallas de 2009, de hecho el colectivo acabó dividiéndose en dos: cerca de un centenar de falleros se quedaron con la denominación de origen y el resto se marchó a montar su propia falla, l’Antiga Muralla.

Se suele decir que las desgracias nunca vienen solas y a esta división había que sumar la famosa crisis, al parecer fuente de todos los males que asolan no sólo nuestro planeta, sino también el mundo fallero, ahora sometido a recortes impensables incluso para los monumentos de la categoría especial.
Así que ahí estaban, en abril de 2009, sin saber muy bien cómo empezar la nueva andadura, contentos por ser pocos pero bien avenidos, pero sin dinero y sin ideas. Y entonces uno de los falleros tuvo una idea, la idea: ¿por qué no hacemos un calendario para recaudar fondos?

Tras sopesar las distintas opciones, llegaron a una encrucijada, la encrucijada: “o hacíamos un calendario con niños muy monos y bien vestidos, o hacíamos uno con falleros adultos, muy monos y nada vestidos”, recuerda Lidia Ballesteros, una de las falleras con solera, no en vano su padre ha sido presidente durante varios años.

Ni que decir tiene que optaron por la segunda opción, quizá por aquello de evitar cualquier problema legal: hoy vender fotos de niños puede acarrear serios problemas, incluso a la hora de decidir el vestuario, así que mejor fotografiar a falleras no tan niñas… lo que al menos evitaba los problemas de vestuario: mejor sin ropa.

Pronto la lista creció. Todas querían participar. Todas y todos, porque la nueva falla Palau – La torre quiere ser un ejemplo de igualdad y presume de realizar todo de forma políticamente correcta. Sólo quedaba por resolver un problema, el problema: ¿delante de quién me desnudo yo?, se preguntaba más de una… y de uno.

La solución llegó antes del verano, aunque para encontrarse cómodas delante del fotógrafo tuvieron que acudir a Silla, que no es un mueble sino la población donde tiene su estudio Carlos Mayordomo, un hombre que, como su apellido indica, supo mostrarse servicial, amable, encantador y dispuesto a fotografiarlas a todas (y todos) a la hora que fuera, en el lugar que quisieran y con el vestuario… bueno, el vestuario no fue ningún problema: mejor sin ropa.

Uno a uno, una a una, por parejas e incluso en grupo, todas (y todos) fueron pasando por las manos y el objetivo de Carlos, quien, efectivamente, les hizo sentirse como en su propia casa (ya lo decíamos, lo lleva en la sangre: Mayordomo). Y el mal trago no lo fue tanto, aunque alguna tiró mano de amistades para sentirse más cómoda.

“Fui con una amiga porque a medida que se acercaba el día estaba algo nerviosa”, asegura María Muñoz, poseedora de una amplia experiencia ante los objetivos, no en vano es periodista y ha sido fallera mayor. “Pero el fotógrafo nos lo hizo muy fácil, nada artificial, muy natural pese a estar desnuda. Al final, disfrutamos mucho”.

¿Fácil, natural, desnuda, disfrutando? La capacidad de síntesis de María es tan grande (lo habíamos advertido: es periodista) que uno puede pensar que ella y su amiga estaban haciendo cualquier otra cosa con el mayordomo… pero los resultados no engañan, como el algodón. Si una imagen vale más que mil palabras, para qué intentar explicar nada: busquen el calendario y disfruten de Miss Febrero y sus abanicos…

Ahora que ya han disfrutado de esa imagen que difícilmente se puede explicar con un millón de palabras, dos interrogantes nos asaltan: con el frío que hace en febrero ¿por qué usa un abanico en vez de un gorrito de lana en la cabeza?; y, sobre todo, ¿por qué precisamente en febrero que sólo tiene veintiocho días, no podía ser Miss Marzo, que tiene treinta y uno?

Lo que no ha generado ninguna duda es el balance: no sólo ha tenido una gran acogida entre los vecinos (y vecinas) de Puçol, sino que los mil ejemplares ya se han vendido, algunos incluso han pagado más de los cinco euros que inicialmente pedía la falla: lástima que sólo hayan editado la versión tamaño póster, uno de bolsillo también se habría vendido de maravilla… para poder llevarlo siempre encima.
“Apenas queda una docena de calendarios por vender”, explica Lidia. “Y estamos pensando si entregarlos a los primeros que se acerquen al casal o subastarlos en E-bay, porque nos han llegado peticiones de lugares de los que no teníamos ni idea que siguieran tan de cerca la actividad cotidiana de la falla”.

Quizá la actividad cotidiana no, pero de los monumentos falleros al parecer sí están al tanto. Así que si hay algún interesado (o interesada), mejor no esperar más y darse una vuelta por el casal de la Falla Palau – La torre a por su calendario. Hoy por hoy es una pieza de coleccionista y no parece que en la temporada actual vaya a tener continuidad la propuesta: desde la ofrenda hasta la cremà, ellas (y ellos) piensan ir vestidos hasta el moño, por más calor que pueda desprender la hoguera de la noche de San José.

Otra cosa es que la idea se mantenga el año próximo. De momento, Lidia ya está en la lista… confiemos en que ella tenga buen ojo y no elija Miss Febrero, mejor Miss Marzo.

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