El gran ‘Gaspi’: La Voz (Gaspar Rosety Menéndez)
Mi agradecimiento y eterna gratitud a Adela Rosety Reina, su hija, y a Jorge Martínez (Grupo Gavia)

Uno lee el título y cree que he cometido un error, lo cree porque la mente, siempre juguetona y a veces errática, piensa que quise haber puesto el ‘Gran Gastby’, título de la celebérrima novela del escritor norteamericano F. Scott Fitzgerald; esa novela que retrató la época del Art Decó, del jazz y de los locos años 20. Esa novela fue manual de una generación ávida de nuevas propuestas literarias que les sacara del tedio y la rutina.
Pero no, no he cometido ningún error. El título, de los muchos que pensé y pude haber escogido es el que más se adecua a él. ‘Gran’ porque era y es grande; ‘Gaspi’ porque así era como lo llamaban sus seres cercanos, sus amigos más íntimos; y lo de la ‘VOZ’ tiene poco que explicar.
Allí arriba, donde los pueblos astures encontraron sus dominios, donde el Rey Pelayo frenó la expansión de los musulmanes hacia el norte y comenzó la Reconquista, allí él siempre encontró su casa, “su mar, sus montañas”, su dorado retiro espiritual y emocional, en aquellos sitios, en aquellos lugares de su juventud esplendorosa y vitalista. Su otra casa estaba justo enfrente de la ‘escalerona’, en las faldas femeninas y sugerentes de la playa de San Lorenzo, en ese idílico lugar donde los guajes sueñan con volar alto sobre el parque de Isabel la Católica para posarse elegantes y altivos, cuan orgullosos alcaravanes, sobre el histórico Molinón, templo sagrado, altar mariano de quienes no hace mucho vieron a un ‘Brujo’ levitar y hacer magia de la buena, a una ‘Maquinona’ de Mieres maniobrar y a un argentino, de Campana, canchero y poético marcar los lindes y dotar de musicalidad toda la banda izquierda de ese recinto entre gritos ensordecedores y batir eterno de palmas. Puro deleite para los ojos. Expresión sublime de un fútbol almibarado y envolvente a partes iguales. “Puxa Sporting”.
Él encontraba la paz, el sosiego, la mesura junto al ‘Elogio al Horizonte’ en el envolvente Cerro de Santa Catalina; lugar idílico donde el mar y el viento se fusionan para darte, para transmitirte una sensación de libertad sin parangón. Y allí que escapaba su indómito espíritu; su verso libre encontró su acomodo en aquella tierra, su tierra desde su más tierna infancia.
El Gijón de GASPAR, en mayúsculas, desde el Dindurra, en el Paseo Begoña 11, al lado mismo del Teatro Jovellanos, el antiguo Teatro Dindurra, donde él disertaba junto a sus amigos en aquellos albores vitales, pasando por la avenida de la Costa donde las sidrerías te atrapan envolviendo tu alma, tu corazón y tu espíritu de historias de un pasado no muy lejano que mezcla lo literario con lo litúrgico. ¿Dónde estará Tino el ‘Roxu’? ¿Dónde escanciarás ahora tu épica y tu estética? ¿lo verterás todo sobre seis o siete vasos entre tus dedos de orfebre sidrero?
¿Dónde quedaron, querido Gaspar, las huertas del barrio de la Arena? ¿Quién imitará el canto de los pavos reales en el parque de Isabel la Católica?, y sobre todo quién recitará de carrerilla una de las alineaciones más excelsas del cuadro gijonés, aquella que comenzaba con Castro, Fabián, Landucci, Cundi, Fanjul, José Manuel, Ciriaco, Churruca, Quini, Valdés hasta terminar con Enzo Ferrero Águila, el poeta de la zurda, el bohemio de la banda.
El 6 de marzo de 2016, a eso de media tarde recibí un wasap de un buen amigo y mejor periodista, Paco Lloret, preguntándome si sabía que le había pasado a Gaspar. La pregunta me descolocó en grado sumo pues esa misma mañana había estado intercambiando mensajes con él.
Hice un par de llamadas y los peores presagios tomaron macabra forma. Gaspar prácticamente ya no estaba entre nosotros. Lo que aconteció después forma parte de la historia radiofónica y periodística de este país.
Se fue el marido, el padre, el hermano, el tío, el amigo, se marchó el compañero y en paralelo nació la leyenda, el mito, el imborrable e intangible recuerdo se adosó a nosotros para mantenernos cercanos y unidos a su persona.
¡Nos quedan tantas cosas de él! ¿verdad Adela? Gaspar el periodista con alma de abogado. La prematura muerte de su padre, Gaspar Rosety Zuazua en plena entrevista a un gigante hercúleo del Sporting de Gijón, ‘Tati’ Valdés, le mostró el camino que debía seguir, una máquina de escribir de las de antes, legado de un valor sentimental y emocional incalculable, y el reflejo que proyectaba su hermano Manolo le apartaron del Derecho y lo volvieron todo del revés.
Sin darse cuenta acababa de nacer un periodista de raza, honesto con la profesión y con quienes le fueron rodeando, un periodista estético y con una versatilidad pocas veces vistas en este mundo tan cainita y tan sobrado de estulticia y soberbia. Y sobre todo nació un ser con una personalidad arrolladora, perfeccionista hasta lo inimaginable, nada quedaba al azar, todo bajo control, empezando por el ‘sonido’ Menayo.
Y de él nos queda, Adela, lo mejor. Lo mejor como marido, como padre…, como amigo. Su forma electrizante de cantar, de narrar los goles, con esa VOZ abisal y desgarradora, esa VOZ volcánica que parecía surgida de los mismos confines de la tierra, apurando hasta el último de los eternos segundos para salir a puerta gayola como los grandes toreros de siempre. La VOZ quebrada, casi rota, y junto a ella la literatura y el relato puestos al servicio de los goles. Aquellos goles que forman parte de nuestro imaginero popular; también nos guardamos sus ingeniosos y simpáticos motes con los que obsequiaba a unos y a otros y sus frases tan llenas de sentido: “Guti Fruti”, Zidane “el Marqués de la hierba”, Raúl ‘Pata Negra’, “hasta el rabo todo es toro”, y sobre todo y por encima de todo “la Roja” en clara alusión a la Selección Española de fútbol. Ese terminó lo acuñó él por mucho que algunos advenedizos y ‘juntaletras’ quieran afiliarse al éxito y creerse el padre de la criatura. El talento no se copia; se tiene o no se tiene y a Gaspar le brotaba, le emanaba de todo su ser. Ese talento tan inherente a él, ni los más afamados plagiadores pudieron nunca dar con la clave de aquel don natural tan ‘gaspariano’.
Su recuerdo, su legado sigue bien custodiados por sus centuriones, SU FAMILIA, por los continuadores de su ingente obra y sus impagables enseñanzas. Gaspar Rosety, ‘la Voz’ de un “barítono”, como lo definió en su momento el gran Alfonso Ussía, otro párrafo libre de prosa y verso mayestáticos, se quebró, se rompió en mil pedazos astillando nuestros sentires más íntimos y sumiéndonos en la orfandad radiofónica y personal. Sí, sí es cierto que en los últimos años estaba más volcado en su labor de docente, pero la Radio nunca lo abandonó ni él nunca renunció a ella. Se amaban demasiado como para separarse. Nadie dejó a nadie.
Por cierto, amigo, compañero tienes un nieto que tal vez, llegado el momento, supere al barítono y se convierta en tenor; al igual que tú se llama Gaspar, y es zurdo como lo fuera en aquella banda medio literaria y medio romántica del por entonces vetusto Molinón, Enzo Ferrero, el ‘canchero’ de Campana. Otro tiempo, otro fútbol, otra vida. “Viva España y viva Dios”.
Diego de Vicente Fuente

