3 marzo, 2026

Manel Montero, director general del grupo empresarial Grupo Moure reacciona al conflicto en Oriente Medio

Por redacción puntocomunica
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La intensificación del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán ha provocado un fuerte repunte del precio del petróleo en los mercados internacionales, con subidas superiores al 8% en el arranque de la semana. Esta tensión geopolítica, unida al riesgo que pesa sobre el Estrecho de Ormuz —punto estratégico para el tránsito de crudo a nivel mundial—, está trasladando volatilidad al mercado energético y anticipa presión alcista sobre los carburantes.

El encarecimiento del crudo tiene un efecto directo y progresivo sobre el precio de la gasolina y el gasóleo. Cuando el petróleo sube, aumenta el coste del combustible, se encarece el transporte y, en cadena, se incrementan los costes logísticos y de distribución que repercuten en el conjunto de la economía. El impacto final termina reflejándose en el día a día de familias y empresas.

En este contexto, Manel Montero, director general del grupo empresarial Grupo Moure, explica que la preocupación social es evidente:

Caos Más

Estos días no he dejado de recibir mensajes.

En una comida familiar, en una conversación rápida antes de entrar a una reunión, en un audio de un amigo de toda la vida.

—¿Qué está pasando realmente?
—¿Esto va a afectar mucho al combustible?
—¿Tenemos que prepararnos para otra subida fuerte?
—¿Pero no estaban atacando a Irán para frenar su plan nuclear? Entonces, ¿por qué ahora otros países hablan de ampliar el suyo?

No buscan un análisis geopolítico.  Buscan tranquilidad. Buscan coherencia. Buscan una respuesta que no encuentran entre titulares urgentes, debates cruzados y opiniones enfrentadas.

Las noticias hablan de ataques de Estados Unidos e Israel sobre Irán por el temor a su programa nuclear. Analistas mencionan posibles represalias, tensión regional, mercados nerviosos. Aparece el nombre del Estrecho de Ormuz como pieza clave, por donde circula una parte esencial del petróleo mundial.

Y, casi al mismo tiempo, el primer ministro de Francia anuncia que, ante este nuevo escenario, reforzará la capacidad nuclear del país.

Ahí es donde la conversación cambia de tono.

Porque la pregunta ya no es solo económica.

Es casi existencial.

Si el problema es la proliferación nuclear, ¿la respuesta es más nuclear?

Si el objetivo es reducir el riesgo, ¿por qué el mensaje que llega es el de una nueva escalada?

La sensación que me trasladan quienes me rodean no es de indignación ideológica. Es de desconcierto.

De incredulidad. De no entender si estamos ante decisiones estratégicas profundamente meditadas o ante movimientos impulsivos dictados por el miedo, la presión o el ego de poder.

Y cuando el ciudadano no entiende, lo que aparece es la palabra que nadie quiere pronunciar: caos.

Mientras tanto, el petróleo sube.

Y cuando el petróleo sube, todo sube.

Sube el combustible.
Sube el transporte.
Sube la cesta de la compra.
Sube la presión en las familias que ya hacen equilibrios con el presupuesto mensual.

El conflicto se libra a miles de kilómetros, pero se traduce aquí, en decisiones cotidianas: llenar el depósito hoy o esperar, ajustar gastos, aplazar inversiones, contener consumo.

Es ahí donde la guerra deja de ser geopolítica y se convierte en economía doméstica.

Hay algo profundamente inquietante en el ambiente que se respira.

En un momento en el que el mundo parece necesitar liderazgo sereno, diálogo y visión a largo plazo, lo que se percibe es tensión constante, declaraciones contundentes, demostraciones de fuerza.

Se echa de menos el disfraz humano, leía el otro día en un post del deportista catalán Alex Roca.

Desde fuera, desde la mirada del ciudadano corriente, todo parece un escenario sobreactuado. Un tablero donde nadie quiere ser el primero en retroceder. Donde cada gesto debe parecer firme, aunque aumente el riesgo colectivo.

No parece orden internacional.

Parece competición permanente.

Y lo más preocupante no es el conflicto en sí. La historia nos recuerda que las crisis han existido siempre.

Lo verdaderamente inquietante es la sensación de que el desorden se ha normalizado. Que la confusión ya no es un accidente, sino parte del paisaje. Que nuestros líderes parecen sentirse cómodos en esa tensión continua, en ese estado de alerta permanente.

No es solo una guerra.
No es solo una subida del petróleo.

Es la percepción de que el mundo avanza sin un relato coherente, sin un horizonte claro.

Y cuando quienes toman decisiones globales proyectan incertidumbre, esa incertidumbre se filtra hasta el último rincón: hasta la conversación de sobremesa, hasta el mensaje de WhatsApp preguntando “¿qué va a pasar ahora?”, hasta la inquietud silenciosa de quien simplemente quiere estabilidad.

No es solo caos.
Es Caos Más.

Sobre Grupo Moure
 
Grupo Moure es un grupo empresarial fundado hace 30 años con presencia en el sector energético y carwash, cuya capacidad de innovación y adaptación le ha permitido diversificarse hacia nuevos mercados. Actualmente, engloba a las empresas Elefante Azul, Autonetoil, Washnet, BIG FISH, Techtail y Kumbra Yachts.

Elefante Azul, con más de 30 años de experiencia en el sector, es la primera empresa europea pionera en el lavado de coches a alta presión, garantizando la mayor eficacia gracias a sus sistemas exclusivos, fáciles y flexibles para el cliente; Autonetoil es una red de gasolineras ‘Quality Low Cost’ que cuenta con 28 centros a nivel nacional; Washnet, diseño, fabricación, instalación y mantenimiento de centros de lavado y soluciones modulares 100% personalizables; BIG FISH, la red de tiendas inteligentes propias que revoluciona el sector del retail; Techtail, solución tecnológica para que marcas y retailers creen sus propias tiendas inteligentes y Kumbra Yachts, la empresa de venta de day boats que cuenta con el modelo Kumbra34, Kumbra36 y Kumbra 43.