30 enero, 2026

Fundación Global Nature urge a  restaurar los humedales tras récords históricos de biodiversidad en 2025

Por redacción puntocomunica
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  • La ONG dedicada al cuidado de la naturaleza alerta de que es necesario completar el Inventario Nacional ya que solo el 13% de estos ecosistemas está en buen estado  
  • La entidad reclama, además, que se reconozca el papel esencial de estas zonas húmedas como infraestructuras de defensa natural frente al cambio climático tras episodios como la DANA de Valencia

En el Día Mundial de los Humedales, Fundación Global Nature celebra los datos récord de biodiversidad registrados en 2025 en estos ecosistemas. Espacios como Las Tablas de Daimiel alcanzaron el mejor censo de aves nidificantes de su serie histórica (1980-2025) o los humedales de Tierra de Campos, Boada y Pedraza en los que la entidad ha restaurado y conserva 135 ha, que han albergado durante el periodo 2024-2025 un total de 44.546 ejemplares de 61 especies de aves pertenecientes a 16 familias. Estos humedales de Tierra de Campos son zonas clave para la invernada, la reproducción y la parada migratoria para las aves. En las lagunas de Boada y Pedraza han destacado la presencia de aves muy escasas o esporádicas como el porrón acollarado, pato americano que en ocasiones visita nuestro continente. O la visita del primer grupo de flamencos comunes a Boada, que, por su tamaño y vistosidad, son posiblemente de las aves acuáticas más atractivas que visitan nuestros humedales.  

Estas cifras confirman que “donde hay agua, hay vida, y que los humedales cuando se restauran son joyas de biodiversidad”, en palabras del responsable de humedales de la entidad, Antonio Guillem. Ahora bien, en esta línea, desde Global Nature recuerdan que estos logros puntuales no deben ocultar la fragilidad extrema de estos ecosistemas ni frenar las medidas estructurales urgentes que necesitan para evitar su creciente degradación: se están destruyendo a una velocidad tres veces mayor que los bosques, convirtiéndolos en uno de los ecosistemas más amenazados del planeta. La solución pasa por una catalogación, restauración y conservación permanente para que la recuperación sea real y no momentánea por fenómenos como las lluvias. 

En Doñana, por ejemplo, las lluvias de finales de 2024 y 2025 trajeron aire fresco tras una dura década de sequía que llegó a secar completamente durante dos años consecutivos la laguna de Santa Olalla, teóricamente permanente. El censo aéreo de enero de 2025 superó las 178.000 aves, una cifra esperanzadora tras el mínimo histórico de 2024, y para enero de 2026 se esperan cerca de 270.000 ejemplares, acercándose al promedio (aún lejos de los 600.000 de los años 90). Especies como el morito común alcanzaron récords con 12.000 parejas, mientras otras como la cerceta común o los gansos muestran descensos preocupantes que los científicos quieren estudiar en profundidad. Sin embargo, bajo la superficie la realidad es distinta: con descensos del nivel freático acumulados de hasta diez metros, la recuperación de medio a un metro observada en 2025 es insuficiente para que el agua vuelva a brotar naturalmente. La dependencia de Doñana de la lluvia es hoy extrema. 

Infraestructuras eficaces y rentables para proteger a la sociedad

“Los beneficios de los humedales bien gestionados frente al cambio climático o como reservorios de vida están más que probados. Pero es que, además, en un contexto global en el que la palabra defensa vuelve al centro del debate, los humedales emergen como una de las infraestructuras más eficaces, silenciosas y rentables para proteger a la sociedad frente a los grandes retos ambientales del siglo XXI”, afirma Guillem. De hecho, recuerda que los episodios extremos de 2024 y 2025 (desde sequías prolongadas hasta la DANA que devastó Valencia) han puesto de manifiesto el valor estratégico de estas barreras naturales. L’Albufera de Valencia contuvo la riada del 29 de octubre de 2024, actuando como regulador y mitigando su impacto. Su nivel subió un metro en once horas y su superficie inundada pasó de 41 km² a 70 km², frenando el torrente hacia el mar y protegiendo las poblaciones costeras.

“Un humedal es una herramienta de defensa natural: defensa frente a la subida del nivel del mar, frente a inundaciones y avenidas torrenciales, frente a la sequía mediante la regulación y almacenamiento del agua, y frente a los impactos más extremos del cambio climático”, resume Guillem.