Paco Antequera, una vida en bici

Candidato a la presidencia de la RFEC

Paco Antequera, una vida en bici
Valencia, 27/11/2012, Diego de Vicente Fuente
Los teletipos, los digitales y las hojas de la sección de Deportes de los periódicos nacionales vienen haciéndose eco estos días de una noticia que afecta al mundo del ciclismo. Se barruntan tiempos de cambio. Tal vez ya tocaba ese cambio. Pasan los hombres y quedan sus obras. Desde el 2008 Juan Carlos Castaño comandaba la nave federativa. Echa pie a tierra, se aparta y abre la puerta para la llegada de un nuevo adalid que renueve los cimientos de la sede de Ferraz, 16 (Madrid). El aire que se atisba puede llegar de dos frentes bien diferenciados. Por un lado el viento castellano, ese que llegado el invierno se te mete dentro, muy adentro. Valladolid es hermosa, atractiva, pero a veces peca de fría y distante. Valladolid es mujer y huele como tal. Por otro lado está el viento del levante, ese que huele a naranjos y a mediterráneo. Valencia es otra fémina de armas tomar, de las que te pueden volver loco de atar. Ambas, la vallisoletana y la valenciana, dos concubinas de nuestros sueños más íntimos y menos conocidos.

El laureado ex seleccionador español de ciclismo, Paco Antequera, ha dado un paso al frente y ha presentado su candidatura a la presidencia de la Real Federación Española de Ciclismo (RFEC), cuyas elecciones se celebrarán el próximo 1 de diciembre. Frente a él otro histórico del ciclismo patrio: José Luis López Cerrón. La batalla, en buena lid, está servida. Carrera dura entre dos pura sangre que siempre tuvieron en la constancia y el esfuerzo a dos de sus principales bazas. Los palmarés de ambos están ahí, tan sólo hay que echar un vistazo. Los tiempos de las loas ya pasaron, la subida al podium ha dado paso al trabajo de a pie. Esa catarsis siempre suele traer aparejado un proceso de reciclaje que no todo el mundo asume y asimila de buena gana y de mejor forma. En el caso de Paco Antequera esa mutación la hizo sin ningún tipo de alteración significativa.

Llegado el momento entendió que su tiempo sobre la bici había concluido y que la escapada y el sprint ya eran términos en desuso para él. Se le terminó el tiempo del maillot y del culote y tocó adaptarse a otro tipo de vida, una vida más pausada, no tan espartana ni sacrificada.1993 fue el año de su retiro como profesional. ¡Se acabó!, se dijo para sí.

Horno de Alcedo se despierta. Los primeros rayos de un tímido y retraído sol comienzan a asomarse al día recién estrenado. La vida transcurre placida y lucida en esta pequeña pedanía valenciana. Los quehaceres cotidianos ocupan la mayoría del tiempo de unas gentes que son felices con lo que las vida les oferta. El agua recorre las acequias, los pequeños huertos dan lo necesario a unos labriegos que aún mascullan para sus adentros sus anhelos y sus sueños como antaño hicieran sus padres y mucho antes, sus abuelos. El legado está ahí, con asomarse un poco al balcón de la vida se puede ver; y no sólo ver también se puede aprender de él. Siempre estamos aprendiendo; la vida la entiendo como la mejor escuela de aprendizaje que existe.

Cuatro ciclistas aficionados pedalean por la calle del Guadalquivir; a su derecha la tierra, la huerta, los cultivos de subsistencia; a su izquierda más de lo mismo. En Horno de Alcedo todos se conocen. Nadie escapa a nadie. En Horno de Alcedo custodian con cariño y mimo la figura de uno de sus hijos pródigos. Y es que Francisco José Antequera Alabau nació allí un 9 de marzo de 1964.

Los cuatro ciclistas pedalean y mientras lo hacen van hablando de los excelsos tiempos del ciclismo. De aquellos poetas de la bicicleta. De Laurent Fignon, aquel parisino con gafitas, con ese aire de intelectual que logró con tan sólo 22 años ganar un Tour. Corredor de raza, tan genial como antipático. De Stephen Roche, el irlandés persistente, ése que protagonizó grandes duelos frente a Charly Mottet o Perico Delgado entre otros. Pedalean y hablan de Indurain, el navarro de Villaba, uno de los más grandes de todos los tiempos. Y también nombran a Paco Antequera, el ‘Olímpico’ Antequera (Los Ángeles-1982), el ‘Mundialista’ Antequera (Chambéry-1989), el seleccionador Antequera. Hombre antes que ciclista, el mismo que se pasó toda su vida luchando contra los rivales y contra los molinos de vientos que le fueron apareciendo por el camino. Él, sí él, que se fue sin alzar la voz cuando dejó de ser Seleccionador Nacional. Intuyo que se marchó dolido pero lo hizo sin acritud. No es Paco amigo de revanchas, ni de saldar cuentas pendientes; si en cambio lo veo creyente, creyente en segundas oportunidades, en devoluciones vitales a tiempo pasado que no cambiado. Todo pasa, todo queda. Y Paco siempre supo que algún día volvería a pasear su hercúlea, su titánica figura por las veredas de la vida. Caer está permitido, lo de levantarse en él es un hecho consumado y contrastado.

El ciclismo me ha dado todo lo que tengo en mi vida. No encuentro una mejor manera de devolver al ciclismo todo lo que me ha dado que ayudarlo a recuperar el status que se merece“, esta frase aglutina todo el sentir de un hombre forjado a golpe de pedaladas, y también a golpe de riñón. Las pendientes de la vida suelen tener múltiples y variados desniveles. Los porcentajes varían dependiendo del ‘puerto’ que se suba. Paco lo supo siempre, desde sus inicios, desde aquel mismo día que le robaron su primera bicicleta, esa que tanto esfuerzo le costó adquirir.

Los cuatros ciclistas terminan de recorrer la calle del Guadalquivir, allí en la pedanía de Horno de Alcedo. Ya apenas se les puede atisbar, allá en lontananza, tan lejos como la vista alcance, o a donde los sueños lleguen. Y Paco sueña con traspasar la línea de meta en primera posición. Quiere ganar su última carrera, quiere “una Federación de futuro”, ese futuro no está tan lejos.

Vientos del mediterráneo, el poniente cuando toque y si no el viento fresco y otoñal que abraza nuestros cuerpos a primera hora, justo la mejor de las horas para salir a montar en bici. Mucha gente aún durmiendo y tú haciendo piernas y disfrutando, siempre disfrutando aunque la carretera al Garbi se empine más de lo debido. Y si el día no está para sufrir con llanear hacia Cullera lo tienes hecho. “Cada gota de sudor es un paso que te acerca a la meta” (Anónimo).

Antequera es un apellido que despierta en mi agradables y benignas sensaciones. Entiendo ese apellido desde el señorío que se han ganado a través de la honestidad y la amistad bien entendida y mejor demostrada. Desde el pulpito de mi profesión no debo mas que ser todo lo ecuánime posible; desde el palpito de mi corazón tan sólo puedo dar las gracias; gracias Miguel, gracias Rafa, gracias Javi, gracias Paco; gracias y suerte, toda la suerte del mundo en esta y en todas las aventuras en la que os veáis inmersos.

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