La Academia de la Música concede a Bebo Valdés el Premio Latino de Honor

Madrid, 23/02/2010
La Junta Directiva de la Academia de las Artes y las Ciencias de la Música ha decidido, por unanimidad, galardonar a Bebo Valdés con el Premio Latino de Honor en la XIV edición de los Premios de la Música. El pianista cubano recibirá el galardón durante la gala de los Premios, que este año se celebrarán el 4 de marzo en el Teatro Häagen Dazs Calderón de Madrid.

Bebo Valdés
1918 fue un año lleno de grandes acontecimientos: la vieja Europa llegaba exhausta al final de una larguísima guerra y en Rusia el Ejército Rojo se aprestaba a ejecutar su definitivo asalto al poder. Al mismo tiempo, al otro lado del Atlántico tenía lugar un pequeño gran acontecimiento: en Quivicán, un pueblecito rural de la provincia de La Habana en la isla de Cuba, el 9 de octubre venía al mundo Dionisio Ramón Emilio Valdés Amaro, un nieto de esclavos que, aunque de cuna humilde, estaba llamado a ser, según los más reputados manuales de jazz, uno de los gigantes de la música cubana. Nos referimos al inconmensurable pianista, compositor y director, Bebo Valdés.

     A los siete años comenzó sus estudios de piano, que alternaba con intervenciones en agrupaciones escolares en las que cantaba y tocaba las maracas. Con la mayoría de edad se trasladó a La Habana para ingresar en el conservatorio, a la vez que se ganaba la vida ‘pelando papas’ en un restaurante chino. Entrada la década de los 40 debutó como pianista profesional con diversas orquestas, entre la que cabe destacar la del trompetista Julio Cueva, que trabajó para distintas cadenas radiofónicas. Por esa época empezó a coincidir con un amigo de la infancia que también iba a escribir páginas gloriosas de la música cubana: el compositor y contrabajista Israel López “Cachao”, padre del mambo que luego popularizaría Pérez Prado.

     En 1948, tras un viaje a Haití que marcará toda su trayectoria musical, su carrera tomó impulso al ingresar en el legendario Club Tropicana, donde permaneció hasta 1957 como pianista y arreglista residente en la orquesta de Armando Romeu.

    Durante esta época la música de Valdés no paraba de crecer. Creó su propia big band, Sabor de Cuba. Con su respaldo musical triunfaron figuras como la famosa vedette Rita Montaner y cantantes de la talla de Beny Moré o Rolando Laserie. De los inicios de la década de 1950 datan sus “descargas”, sesiones de improvisación de jazz afrocubano que se encargaría de grabar por primera vez en la historia el conocido productor estadounidense Norman Granz, creador de Jazz at the Philarmonic y fundador del mítico sello Verve. También por esta época inventó el batanga, un nuevo ritmo que entraba en competencia directa con el mambo de Pérez Prado y que se estrenó ante un enfervorecido público en una emisión radiofónica. Fue también en este periodo cuando conoció a Nat King Cole y grabó con él.

     Poco después del advenimiento de la Revolución Cubana, en 1960, nuestro hombre emprendió un exilio del que ya jamás regresaría, dejando atrás mujer e hijos. Tras su paso más o menos fugaz por México y Estados Unidos, hizo una gira por Europa estableciéndose definitivamente en Estocolmo, donde vivió durante más de treinta años sumido en un asombroso anonimato, aunque seguía componiendo y tocando el piano, principalmente en bares de hoteles. Estando medio retirado, en el transcurso de una enfermedad, el médico le dijo que ya no volvería a tocar el piano, a lo que él contestó: ‘Únicamente muerto’.

     No fue hasta 1994, con 76 años, cuando con el apoyo de Paquito D’Rivera el maestro volvió a los estudios de grabación con Bebo rides again. Unos años después trabó amistad con el director de cine Fernando Trueba e inició una fructífera colaboración que llega hasta la actualidad, con películas documentales como Calle 54 (2000) o El milagro de Candeal (2004) y discos como El arte del sabor (2001) o Bebo de Cuba (2005). Desde aquella primera grabación producida por el cineasta madrileño hasta hoy, a Valdés le han llovido los elogios y los premios, entre ellos varios Grammys. Quizá el punto álgido de esta última época haya sido el álbum Lágrimas negras (2004), grabado junto al cantaor Diego el Cigala, una relectura inolvidable de grandes clásicos de la música popular latina.

     Sin Bebo Valdés sería harto difícil explicar la génesis y evolución del jazz latino, un género que hoy por hoy se trata de tú a tú con las corrientes más clásicas, entre otras razones porque existen músicos como él, con su ambición creativa y su talento interpretativo. Pero, por encima de todo, lo que resulta admirable es su tenacidad profesional. Como afirmaba una de sus hijas: ‘Es inconcebible que deje de trabajar. El día que no toque el piano es que habrá dejado de respirar, porque yo creo que mi papá respira por las manos’.

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