Se ha muerto un ángel (Aarón Clavería Gonzalo)

Mislata 11 de octubre 2013. Diego de Vicente

Se ha muerto un ángel (Aarón Clavería Gonzalo)Nemo, ese pez payaso de la celebérrima película ‘Buscando a Nemo’, nació con una aleta más pequeña que la otra. Su protector padre siempre buscó mantenerlo alejado de los peligros con que la vida le iba sorprendiendo. Nemo quiso nadar libre y el muy inconsciente se adentró en el inmenso mar que ante sus ojos se abría. Nemo era y fue diferente y él paseó su distinguida peculiaridad con simpático ademán.

Aarón también era diferente, muy diferente al resto de los niños. Nació marcado por una demoníaca crueldad que él soportó con un estoicismo que rozó en infinidad de ocasiones la heroicidad. Aarón nació cosido al Síndrome de Menkes; una enfermedad descarnada, una enfermedad brutal que expende certificados de defunción entorno a los dos años de vida. Aarón ha vivido dieciséis, ¡ahí queda eso!

Un 25 de septiembre de 1997, a las 5 y 25 de la tarde venía al mundo en Zaragoza. Un 7 de octubre del 2013, a las 7 de la mañana partía de esta vida hacia otra infinitamente mejor. La vida que él se merece. Y como bien ha dicho su primo David “él no pasará ese juicio al que todos nos someteremos una vez idos de aquí. Aarón es demasiado puro, demasiado bueno, demasiado virginal como para poder saltarse ese juicio. Él no”. Y sí David, él no. Él nos preservará de todo lo malo que aún nos queda por vivir. Él cuidara de su madre, de su hermana, de todos aquellos que lo han querido con un fervor y un cariño a prueba de toda duda.

Aarón, el niño de los largos pero sentidos silencios, el niño de la mirada que todo lo abarcaba, que todo lo procesaba, el niño de los sonidos aislados que eran en sí mismos mensajes encriptados que sólo unos cuantos sabían descifrar.

Se nos ha ido Aarón, el Nemo de nuestros mares más cálidos y envolventes. Se hartó de sufrir a un precio excesivo. Demasiado peaje para un ser candido e infantil. Su prolongado chapoteo nos acompañará hasta el fin de nuestras vidas. No puede ni debe ser de otra forma. No concibo volverme y no sentirlo cerca, pegadito a mi, poniéndome esa carita, entre sorprendido y expectante, cada vez que me acercaba a él y le decía aquello de “¡pañaludo!, qué estás muy empañalado cosita”.

Me cuesta escribir, apenas puedo juntar las palabras para que estas formen frases. Quisiera, si pudiera, inventar un léxico diferente, un léxico más íntimo, más humano para crear entre él y yo una complicidad sin igual. Esa complicidad que si existió hasta el último segundo de su vida con su madre. Su último estertor vital se produjo en sus brazos. La madre y el hijo juntos al nacer; la madre y el hijo juntos al morir. Épico. Del vientre a los brazos, de los brazos al vientre, camino de ida y vuelta. “De ti salí, madre y a ti vuelvo”. Y claro, la madre lo acogió benigna en su seno. Aarón por saber supo hasta morir: Elegante, erguido, soberano, sin aspavientos. Era su momento, y él así lo eligió.

Me cuesta continuar inmerso en la blanca cuartilla. Una y otra vez me asaltan los recuerdos que golpean con virulencia mi cabeza. El sentimiento supera a la razón. El dolor se expande cuan devastador virus. Me puede la pena y el desasosiego. Soy dueño de mis lágrimas, también de mis angustias y sobre todo soy el señor de mis soledades.

El 2 de mayo del 2012 te vi por la televisión. Un chorro de humanidad inconfesable me invadió. Sentí cercanía con alguien al que no conocía de nada. Trasmisor inagotable de una energía que casi nadie supo que poseías. Esa energía heredada desde tus orígenes de tu bendita madre; sí, sí la misma que te ha acunado en infinidad de ocasiones, la misma que se ha dejado más de media vida en tu cuidado; esa madre que lo hubiese dado todo por tu recuperación. Esa madre que asumió para sí toda la magnitud de la tragedia que un buen día se le avecinó, y se le avecinó tanto que terminó por echársele encima. ¿Pero sabes qué mi querido Aarón?, tanto ella como tú lograsteis revertir la situación, y lo anormal lo volvisteis normal. Y el milagro de la vida fluyó con naturalidad, con toda la naturalidad del mundo.

Mi querido niño, mi ‘pañaludo’ eterno, mi titánico amigo tan solo me resta rendirte pleitesía. Me descubro ante ti, también ante tu madre, toda corazón, todo coraje, toda bondad. Te has ido de una manera, continuas entre nosotros de otra. Nunca te marcharas de nuestros lados, y mucho menos de nuestros corazones. Sí, sí lo sé, Aarón, se que estamos llorosos y ateridos de una fría e inhumana orfandad pero no te preocupes más por nosotros. Tú diviértete, corre, salta, juega, habla, ríe, hazte con un grupito de amigos, cuéntales que aquí te seguimos queriendo con locura, con esa sana locura que le vimos portar a tu madre con la sencillez que ella esboza. Se feliz de una puñetera vez que bien te lo mereces. No padezcas por tus primos, ni por todos los niños que te rodeaban continuamente. Rocío ‘Patata’ dejará los pañales, se hará grande, se casará, tendrá hijos y aún así seguirá sabiendo de ti. Habràse visto cuánto y como te quieren, hijo mío. Y tu hermana y tu madre seguirán en esta vida, y en todas aquellas que les tocasen vivir, preservando tu recuerdo, alimentando tu esencia, y sobre todo recordando tu presencia. Descansa en paz, “Aaroncete”.

P.D.: todo tuvo su origen: Sobreviviendo a Menkes

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