La cultura del vino en el Parque de las Hoces de Gabriel

Valencia, 20/04/2010, Jaime Millás
En el Parque Natural de las Hoces del Gabriel, en un paraje situado en la rambla de los Morenos, conocido por el nombre de Solana de las Pilillas, se están realizando unas excavaciones en un yacimiento ibérico para poder concluir, posiblemente, que la cultura y el cultivo del vino en tierras de Requena tienen una antigüedad, por lo menos, de 2.500 años. Se dice pronto, pero de resultar cierto supondría un apoyo definitivo a los nuevos aires que soplan a favor de la arraigada tradición vinícola de esta comarca. En la actualidad se está analizando el tanino encontrado en restos de vasijas donde se conservaba el mosto para ilustrar esta hipótesis.

El yacimiento de tiempo de los íberos consiste en cuatro estructuras destinadas al aprovechamiento de la uva, excavadas en grandes rocas, relativamente cercanas unas de otras, que permitían una producción de vino de 4.000 litros. Estos primitivos lagares están excavados en enormes rocas situadas en la ladera de la montaña y cerca del barranco de agua. La cubeta superior, de dimensiones apreciables, entre tres y seis metros y una profundidad de 20 cm., donde se prensaba la uva, está comunicada por dos orificios con otra inferior que servia para recoger el líquido y después envasarlo para su fermentación.

El proceso de elaboración del vino de entonces era muy similar al realizado en la comarca hasta la mecanización hace pocas décadas. De eso saben mucho los curtidos bodegueros y agricultores que mantienen activas en esta zona interior de Valencia unas extensiones interminables de viñedos. Viajar por sus numerosas vías de comunicación permite disfrutar con el juego visual de las continuas hileras de vides que se pierden en el horizonte, interceptadas de vez en cuando por robustos encinas, pinos y olivos.

Este es el paisaje que ofrece, por citar un destacado ejemplo, la Finca El Renegado, una antigua colonia agrícola que produce en su bodega el tinto de autor Nodus y otras marcas de renombre. Situada en el término municipal de Venta del Moro, uno de los municipios más grandes de la Comunitat, ha transformado la casa solariega en confortable hotel rural desde donde parten iniciativas de turismo de aventura y de enoturismo. La expedición de escritores de turismo que visitamos el parque natural hace unas semanas encontramos en esta bodega unos anfitriones de excepción.

Sorprende el despegue a favor del turismo rural impulsado por Venta del Moro con la complicidad de diversas iniciativas privadas. De ese modo el pueblo dispone ahora de una oferta de 300 camas y puede movilizar durante el año a 50.000 visitantes. Uno de los atractivos más notable, por su rareza en el territorio español, es el descenso del río Cabriel por aguas bravas. La práctica de senderismo, barranquismo y otras especialidades de aventura cuenta con numerosas oportunidades en esta cuenca hidrográfica. La creación del parque natural ha dado un empuje enorme a las empresas de ocio en la zona.

Desde el Mirador de la ermita de Fonseca pudimos contemplar las Hoces y los Cuchillos, parajes que hace unos años estuvieron en la primera página de los periódicos por la desafortunada pretensión del Ministerio de llevar por este lugar el trazado de la nueva N-III. Hubiera sido un error lamentable. Gracias al éxito de la campaña en contra, la zona sigue siendo hoy un espacio privilegiado de vida natural. Visitamos uno de los principales abrevaderos de las reses en una antigua cañada real que une la Meseta con la Albufera de Valencia. Y también nos asomamos desde lo alto a la hoz de Vicente para sentir el vértigo de una garganta inaccesible.

Regresamos a la ciudad después de una intensa jornada perdidos por los montes y llanos del parque de las Hoces del Cabriel, con la conciencia de que habíamos pisado un yacimiento, único en la cuenca del Mediterráneo, que puede acreditar 2.500 años de antigüedad del vino valenciano. La verdad es que la cultura de los íberos siempre sorprende.

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