Mari Paz García y su sueño hecho realidad: danzar con el Ballet Nacional de Cuba

Valencia, 29/01/2010
Cincuenta alumnas del Conservatorio Profesional de Danza de Valencia vieron sus sueños cumplidos la pasada Navidad: del 19 de diciembre al 3 de enero estuvieron actuando en el Teatro Principal en la obra “El cascanueces”, junto al Ballet Nacional de Cuba. Entre las afortunadas, Mari Paz García, una joven promesa de Puçol con sólo nueve años.
“El ballet es mi vida, mamá”. Hace ya años que Mari Paz Cubas oyó esta frase en boca de su hija y todavía no la ha olvidado. Desde la pasada Navidad la frase no sólo es una ilusión, sino también una realidad, porque su hija Mari Paz ha logrado hacer realidad uno de los sueños de cualquier estudiante: trabajar con los mejores en su campo.
Ese sueño comenzó a materializarse el pasado mes de noviembre, cuando el prestigioso Ballet Nacional de Cuba se acercó al Conservatorio Profesional de Danza de Valencia para solicitar la colaboración de cincuenta alumnas de 1º y 2º, que interpretaran el papel de ratones durante la primera escena del ballet El cascanueces, en el Teatro Principal de Valencia.
Tras las pruebas, supervisadas por la mítica Alicia Alonso, fundadora del Ballet Nacional de Cuba y una de las grandes de la danza de todos los tiempos, los primeros ensayos se realizaron en el propio conservatorio, durante un mes. A partir del 16 de diciembre, los ensayos finales ya se llevaron a cabo en el Principal, para conjuntar el trabajo con los bailarines cubanos, y a partir del 19 de diciembre, todos los días actuación vespertina y, además, en cuatro ocasiones también hubo sesión matinal.
“Pensábamos que nuestras hijas no iban a aguantar ese ritmo de ensayos y mucho menos el de dos actuaciones diarias, pero nadie se quejó”, asegura Mari Paz Cubas. “Los padres teníamos que turnarnos en los ensayos, incluso para llevarlos y traernos, pero ver sus caras compensaba cualquier sacrificio: para todos nosotros ha sido un orgullo y para las ratoncitas mucho más”.
Y es que el papel reservado a las alumnas del conservatorio era el de ratoncitas en la primera escena de la obra de Tchaikovsky. Danzaban bajo la protección de su mamá ratona y en compañía del rey de los ratones. En escena apenas estaban ocho minutos, luego salían por la puerta de atrás, aprovechando el descanso, y a casa todas felices. 
Pero esos ocho minutos sobre las tablas implicaban llegar dos horas antes para el vestuario y el maquillaje y, en tres ocasiones, hubo que esperar al final del espectáculo, para salir a saludar junto con el resto de la compañía: los días 19 y 26 de diciembre, y el 3 de enero.
Un sueño hecho realidad apenas un lustro después de comenzar a danzar, porque Mari Paz lleva desde los cuatro años practicando en el estudio de Rosa Centelles, en El Puig, lo que le permitió entrar el pasado mes de septiembre directamente en el 2º curso del Conservatorio de Valencia. 
Poco podía imaginar que apenas dos meses después iba a comenzar la gran aventura de su vida… y también el gran aprendizaje, porque uno de los días en el Teatro Principal, Mari Paz y una amiga se “perdieron” un rato entre bambalinas, sin atender debidamente a los ensayos; ahí empezaron a aprender que los mejores exigen ante todo trabajo y disciplina: esa mañana fueron sancionadas sin actuar, aunque sí lo hicieron por la tarde. 
Nunca más faltaron a un ensayo.
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