El Consorci de Museus trae a Valencia la obra de Javier Garcerá tras casi 20 años

El Consorci de Museus trae a Valencia la obra de Javier Garcerá tras casi 20 añosValencia, 05/11/2016
El director del Consorci de Museus, José Luis Pérez Pont, acompañado por el artista Javier Garcerá y el comisario de la muestra, Juan Bautista Peiró, presentó ayer viernes la exposiciónQue no cabe en la cabeza‘, en el Centre del Carme.

Que no cabe en la cabeza‘ es el juego de palabras con que el artista valenciano Javier Garcerá vuelve a Valencia para presentar al público una trayectoria artística y vital que le ha llevado por varias ciudades del mundo en los últimos años.

Según José Luis Pérez Pont, “con esta exposición, Javier Garcerá vuelve a Valencia, para exhibir el resultado de casi dos décadas de trabajo fuera del territorio valenciano, exponiendo tanto en el ámbito nacional como en el internacional“.

La exposición ha permitido que un artista que ha realizado su carrera fuera de nuestro territorio valenciano, con gran éxito, tenga también en su tierra natal el reconocimiento que ese esfuerzo se merece“, explica el director del Consorci de Museus quien ha matizado que “la muestra de Javier Garcerá es un ejemplo de las futuras exposiciones que queremos que recalen en la Sala Ferreres, una de las más bellas que tenemos en Valencia, y a su vez, una de las más complicadas por sus dimensiones y su singular arquitectura. Desde el Consorci de Museus estamos trabajando en una convocatoria que permitirá que artistas valencianos de cierta trayectoria puedan mostrarnos una revisión de su obra“.

En nuestra política de trabajo está tanto el apoyo a los jóvenes artistas, como a los artistas de larga trayectoria. Javier Garcerá es un artista de media carrera con un trabajo muy sólido, que el público valenciano va a tener la oportunidad de conocer mejor gracias a esta exposición“, ha concluido Pérez Pont.

La propuesta que Javier Garcerá ha planteado expresamente para la Sala Ferreres del Centre del Carme, seduce al espectador y le propone un doble juego: por un lado, reflexionar sobre qué es aquello que no cabe en la cabeza, que la razón no entiende, y por otro lado, les invita a sentir, mediante el uso de la luz, como principio y fin del color, incluso con el sonido.

Observado desde lejos, con una mirada rápida, parece que el lienzo sea monocromo“, explica Garcerá quien invita al espectador a detenerse, ante sus cuadros de más de 5 metros de altura, a mirarlos desde cerca, y a caminar alrededor de ellos “en la proximidad, si verdaderamente prestamos atención a la obra, descubrimos un paisaje que además varía según nos desplazamos en el cuadro, con el juego de la luz“.

“Mi exposición habla del tiempo, pero no lineal, como una narración, sino del tiempo en profundidad, de la imagen que se desvanece, como en la vida, todo no es permanente. Nadie puede llegar a abarcar esta obra, porque cambia según la miras y según quién la mira“.

La apabullante conclusión a la que nos lleva el título de la muestra es que son infinitas las cosas y las cuestiones que no nos caben en la cabeza, que somos incapaces de entender, de comprender, de asimilar. Y sin embargo, es inmenso el poder que le hemos otorgado a esa singular cualidad humana“, explica Juan Bautista Peiró, comisario de la muestra.

Desde esta paradoja, profundamente asumida a lo largo de dos décadas, Garcerá ha ido diseccionando la compleja dialéctica que encerraba el paisaje como manifestación cultural del secular conflicto entre la Naturaleza que nos rodea y nuestra última e íntima naturaleza. Paulatinamente, ha ido focalizando su atención hacia interiores construidos y abandonados y finalmente hacia el espacio de trabajo, el estudio, también lugar de meditación, de reflexión, de creación.

Con la luz, el sonido, y la pintura entendida en su sentido más personal, esta exposición apela a la experiencia individual del espectador, no sólo para que extraiga sus propias conclusiones, sino también para que pare el tiempo y se deje llevar, con todas sus consecuencias, por este espacio vital que trasciende los límites de la racionalidad.

Según Peiró, “la obra de Garcerá es muy intimista, casi espiritual, que va desde el exterior, en sus primeras fases en los que todavía se observa el paisaje natural, hacia el interior: su obra habla de su propio trabajo como pintor”.

Javier Garcerá es un artista que ha hecho de la pintura su vida. Un ejemplo de compromiso con su trabajo que transcurre en paralelo a su vida, independientemente de modas, o corrientes artísticas“, ha concluido Peiró.

Discurso expositivo
Una instalación compuesta por tres grandes lienzos de seda de más de 5 metros de alto llenan la sala principal de la exposición como una arteria que une las diferentes etapas creativas del pintor. Con un montaje que respeta y que dialoga con la arquitectura de esta sala, la obra de Garcerá apela al diálogo directo con el espectador.

Los títulos de las diferentes series que componen la exposición dan una idea del pensamiento del autor y de las diferentes dialécticas que plantea la exposición, por ejemplo: ‘De la sombra alumbrada’, ‘Take off your shoes’; ‘El rey de la casa’, ‘Si el ojo nunca duerme’, ‘La menor distancia’, ‘A 180 grados’, ‘Exhale-Inhale’…

La exposición revela también la importancia que Javier Garcerá le da a la materia (al lienzo), y a la pintura, entendida desde un concepto más amplio. Influenciado por su estancia en la India, Garcerá comienza a trabajar en lienzos de seda, erosionándola, para crear paisajes oníricos, o, como puede verse en sus últimos trabajos, tejiéndola e incorporando el sonido.

Como explica el propio artista  “Lo que no me cabe en la cabeza’ es aquello que no logro entender, y eso es precisamente lo que trato de que el espectador haga con mi obra, que no quiera entenderla, simplemente que se acerque a ella y la disfrute“.

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